Lo que Muhammad Alí nos enseñó sobre el Parkinson

Muchos recuerdan a Muhammad Alí como el más grande boxeador de todos los tiempos, pero nosotros, sobre todo, lo recordamos como uno de los pacientes de Parkinson más admirables. Su manera de ver la enfermedad y sus días difíciles lo convirtieron en un ejemplo claro de que la enfermedad no tiene por qué ser el centro de la vida.

Empezando una entrevista, a Alí le preguntan: “Tu enfermedad mental no ha afectado tu capacidad mental”, a lo que contestó: “eso espero”. “Bueno”, corrige el periodista, “ha cambiado tu movimiento, tu manera de hablar, tu expresión en la cara” e inmediatamente Alí sonríe de oreja a oreja, como refutando de la mejor manera. Así es como el boxeador quiso siempre ser recordado, como alguien que sabe darle el golpe a la enfermedad y responder de la mejor manera los golpes que le da vida. El Parkinson, tan grande como puede llegar a volverse, se enfrentó al campeón de peso pesado. Alí perdió la batalla, pero a cambio nos dejó su legado para inspirar a miles de personas como él.

Aunque al final su enfermedad ya estaba muy avanzada, y los médicos aseguraban que su condición actual era consecuencia de sus días en el ring, Alí jamás se mostraba derrotado. Ni siquiera con su pasado: “Alguien escribió que me quedé en el [boxeo] demasiado tiempo y que lo que amaba terminó por destruirme. Pero si pudiera hacerlo todo de nuevo, haría exactamente lo mismo”.

Gracias a su ejemplo, el boxeador logró llevar conciencia acerca de la enfermedad a todo el mundo. Al ver al campeón de campeones enfrentarse a una enfermedad tan grande y perder no queda de otra sino prestarle atención. Gracias a sus esfuerzos por crear Muhammad Ali Parkinson Reaserch center, junto a la Michael J. Fox Foundation, entendemos la enfermedad mejor y nos damos cuenta que ningún paciente está solo en su batalla.

Alí murió el año pasado en junio, pero nada de lo que nos enseñó lo hemos olvidado. Todo lo contrario, cada vez somos más los que sabemos acerca del Parkinson y queremos derrotarlo o, por lo menos, dejarle saber que no es más fuerte que nosotros.